Nuestra Tierra: Martel y la película que reabre la disputa por la tierra
Lucrecia Martel estrena en Argentina 'Nuestra Tierra', documental que parte del asesinato de Javier Chocobar para interpelar historia, justicia y la política de tierras.
Un estreno que llega con historia
Nuestra Tierra, el quinto largometraje de Lucrecia Martel, llega a las salas argentinas el próximo 5 de marzo (fuente: ¡Mirá en vivo Canal E!, 18/02/2026). Vemos en ese dato algo más que una fecha de estreno: llega después de 14 años de trabajo de la directora y su equipo, una inversión de tiempo que dice tanto de la complejidad del caso como del compromiso autoral (fuente: ¡Mirá en vivo Canal E!, 18/02/2026).
La película parte de un hecho puntual y brutal: el asesinato en octubre de 2009 de Javier Chocobar, referente de la comunidad indígena Chuschagasta, ocurrido durante un intento de desalojo. El proceso judicial no tuvo resolución en primer juicio hasta 2018, es decir, nueve años después del crimen (fuente: ¡Mirá en vivo Canal E!, 18/02/2026). Esa distancia temporal entre el hecho y la justicia es el marco desde el cual Martel construye su narración.
Cómo mira Martel la disputa por la tierra
El documental combina imágenes aéreas del territorio con relatos íntimos de quienes habitan la zona. Esa combinación no es neutra: contrasta mapas, expedientes y pinturas oficiales con las memorias y los cuerpos que resisten. El formato y el tiempo de la película —122 minutos de duración, según la ficha técnica— le permiten a la directora desarmar relatos hegemónicos y mostrar lo que queda fuera de los papeles (fuente: ¡Mirá en vivo Canal E!, 18/02/2026).
La película tuvo un recorrido internacional notable: se presentó en Venecia, Toronto, Nueva York, San Sebastián y Londres, entre otros festivales —al menos 9 muestras internacionales según la nota de prensa— y ganó el premio a Mejor Película en el BFI London Film Festival (fuente: ¡Mirá en vivo Canal E!, 18/02/2026). Esa circulación global abre una doble lectura: por un lado, la obra adquiere legitimidad cultural fuera del circuito local; por el otro, nos obliga a preguntarnos qué respuestas produce esa legitimidad en el terreno político doméstico.
Lo que la película señala sobre instituciones y memoria
No es solo una historia sobre un crimen: es una película sobre la espera, sobre procedimientos que dilatan y sobre cómo las narrativas oficiales definen quién pertenece y quién queda al margen. Observamos que un caso emblemático requiere casi una década para llegar a juicio, mientras que las heridas sociales perduran. Esa diferencia entre tiempo judicial y tiempo social es un índice de captura institucional: ¿a quién protege el aparato cuando la respuesta tarda tanto?
Martel no ofrece un manual de políticas, pero obliga al debate. Si el cine se convierte en el espacio donde se narra lo que el expediente oculta, entonces la pregunta pública no puede limitarse a aplaudir el valor artístico: exige medidas. Exigimos que la visibilidad se traduzca en transparencia sobre procesos de desalojo, en registros públicos accesibles y en mecanismos que impidan la captura de la administración de justicia por intereses particulares.
De la estética a la demanda política
El mérito estético y periodístico del film es indudable: 14 años de trabajo y una recepción en festivales que incluye al menos 9 muestras internacionales lo confirman (fuente: ¡Mirá en vivo Canal E!, 18/02/2026). Pero celebrar no alcanza. Vemos con preocupación que la cultura muchas veces desplaza la urgencia de la reparación práctica. La pregunta retórica es pertinente: ¿cuántas películas más deben recordar estos casos para que el Estado deje de postergar respuestas?
La discusión que abre Nuestra Tierra debe traducirse en tres demandas concretas: 1) mayor transparencia en los procesos de propiedad y desalojo; 2) estadísticas públicas y actualizadas sobre causas vinculadas a conflictos por la tierra; 3) políticas de prevención que prioricen el diálogo y la formalización antes que la represión.
Conclusión: cultura que exige institucionalidad
Celebramos que el cine vuelva a poner en el centro la disputa por la tierra y la memoria. Al mismo tiempo, reclamamos que la resonancia cultural no reemplaze la obligación estatal de actuar. Vemos en la película una llamada a la acción: la democracia se mide por la capacidad de sus instituciones para dar respuestas a quienes más esperan.