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Remesas marcan inicio de año en Honduras y revelan dependencia estructural

Enero 2026 mostró remesas por USD 872,9 millones; el dato subraya la centralidad de las transferencias y los riesgos de una economía excesivamente dependiente del exterior.

Publicado el 15 de febrero de 2026, 14:06 hs

Enero arrancó con un golpe de realidad: Honduras recibió 872,9 millones de dólares en remesas en el primer mes de 2026, 97,9 millones más que en enero de 2025, un incremento interanual del 12,6% según el Banco Central de Honduras (BCH). Esta cifra no es un detalle técnico: confirma que las transferencias familiares son hoy la principal fuente de divisas del país y un sostén cotidiano para millones de hogares.

Una dependencia cuantitativa y geográfica

Las remesas representan más del 25% del Producto Interno Bruto hondureño, una proporción que, de acuerdo al BCH, supera con amplitud el aporte combinado del café, la maquila y el camarón (14,6% del PIB). Además, el 98,46% de los envíos provino de Estados Unidos, donde residen cerca de 1,8 millones de hondureños, según el mismo informe del BCH. En 2025 el país recibió un récord de 12.212 millones de dólares en remesas; para 2026 el Banco Central proyecta una captación cercana a 10.670 millones —una previsión más prudente que obliga a pensar en escenarios adversos.

Vemos aquí dos problemas simultáneos: concentración y predictibilidad. La primera crea vulnerabilidad por contagio legal o económico en el país emisor; la segunda convierte un flujo privado en una variable macroeconómica de primera magnitud.

Beneficios visibles, distorsiones invisibles

No hay que minimizar los efectos positivos: según el BCH, más del 80% de los fondos se destinan a alimentación, salud y educación, y las madres concentran más del 37% de los envíos. Estos recursos sostienen consumo, dinamizan comercios locales y financian mejoras de vivienda, con un impacto real en la supervivencia y en la demanda interna.

Pero las consecuencias no intencionadas también existen. La abundancia de divisas provenientes del exterior puede apretar el tipo de cambio y generar lo que en teoría se llama "enfermedad holandesa": aprecio real del tipo de cambio que erosiona la competitividad exportadora doméstica. Además, cuando el ingreso de remesas se vuelve central, se reduce el imperativo social y político de avanzar en reformas estructurales: se produce una forma sutil de captura del Estado, donde grupos en el poder prefieren administrar renta en lugar de transformar la base productiva.

Riesgo legal y político: el TPS como variable crítica

La nota subraya un riesgo concreto: la reactivación judicial del proceso de cancelación del Estatus de Protección Temporal (TPS) para más de 55,000 hondureños en Estados Unidos. Dado que casi la totalidad de las remesas proviene de ese país, una alteración en la estabilidad laboral de los migrantes impactaría las transferencias. Aquí la dispersión del conocimiento es notoria: las autoridades nacionales pueden hipotetizar escenarios, pero son los millones de hogares y los migrantes en Estados Unidos quienes, en su conducta fragmentaria y cotidiana, finalmente deciden el flujo real de divisas.

¿Qué políticas convienen? Prudencia frente a la pretensión de diseño

Hay dos tentaciones contrapuestas que conviene evitar. La primera es la intervención directa para capturar o gravar las remesas de modo expansivo: suele generar evasión, costos de transferencia y, en el peor de los casos, castiga a receptores vulnerables. La segunda es la pasividad: aceptar la dependencia como destino inevitable.

Proponemos un enfoque pragmático. Primero, reducir costos de transferencia y mejorar inclusión financiera para que más remesas se canalicen por la banca y puedan convertirse en crédito productivo sin coerción. Segundo, incentivar, mediante contrapartidas privadas y fondos de coinversión, que parte de las remesas se canalicen a inversión en vivienda formal, microempresas y educación técnica. Tercero, diversificar la base de exportaciones y la atracción de inversión extranjera; depender de un único socio emisor es una falla de gestión estratégica.

Como advertía Friedrich Hayek, la pretensión de conocimiento absoluto es la madre de los errores de planificación. Las políticas útiles reconocerán esa dispersión del conocimiento y trabajarán con incentivos, no con órdenes jerárquicas.

Mirada al largo plazo

Las remesas no son un cheque en blanco: sostienen hogares pero no sustituyen un proyecto de desarrollo. Honduras necesita convertir ese flujo en una oportunidad para reducir la pobreza estructural y aumentar la resiliencia macroeconómica, sin caer en la tentación de rent-seeking estatal. En los próximos meses el monitoreo será clave: si las proyecciones del BCH para 2026 se confirman a la baja, la urgencia de reformas económicas y fiscales será aún mayor.

En suma, las remesas son hoy una bendición cotidiana y, simultáneamente, una llamada de atención. Manejarla bien exige reconocer las limitaciones del diseño centralizado y construir, desde incentivos y competencia, un camino hacia mayor autonomía económica.

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